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Qué es el uso racional de la energía
Es sabido que cuando un recurso escasea, lo mejor es utilizarlo discretamente, resguardando su consumo para cuando es únicamente necesario.
Pero el "uso racional de la energía" no busca hacer un uso recortado de los recursos, sino un USO EFICIENTE que implique el NO DESPERDICIO de la energía.
El uso racional de la energía eléctrica es el uso a conciencia, el
consumo estrictamente necesario, es maximizar el aprovechamiento
de los recursos, es utilizar correctamente la energía para no
malgastar un recurso que actualmente está empezando a escasear.
Según estimaciones del sector, el uso racional de la energía tanto a nivel domiciliario como a nivel industrial significaría un ahorro en el consumo del orden del 15 al 20%.
Esta ahorro postergaría el agotamiento de los recursos no renovables
utilizados en la generación de electricidad, dándole tiempo al país
para llevar a cabo las obras necesarias y devolverle al sistema
eléctrico la fortaleza perdida a partir de la recesión y la crisis, además
de reducir gastos operativos y representar un ahorro económico
concreto para el castigado bolsillo de los usuarios.
El uso eficiente de la energía, de ninguna manera busca frenar o desacelerar el crecimiento industrial sino más bien todo lo contrario.
Indudablemente estamos hablando de una práctica que, en definitiva,
contribuiría a mejor nuestra calidad de vida. Pero, lo más importante,
es que sería una medida efectiva al corto plazo, con mayor eficiencia
en el mediano y largo plazo.
De hecho, el uso eficiente de la energía es un uso a conciencia que siempre debiera existir.
Cómo hacer uso racional de la energía
Casi toda la energía que cotidianamente utilizamos para el desarrollo
de nuestra vida, ya sea personal o profesional, proviene de recursos
energéticos.
Nuestra casa, nuestro lugar de trabajo, las calles y la industria
disponen diariamente de recursos energéticos para desarrollar sus
actividades, para recrearse y hasta para calefaccionar o refrigerar el
ambiente: Desde la radio o la televisión al levantarnos, pasando por
la cocina para el desayuno, el almuerzo y la cena, el ventilador o el
aire acondicionado en verano, la estufa en invierno, el termotanque,
el calefón, la heladera, las computadoras, las máquinas de operación
fabril, el combustible de los automóviles, el alumbrado público, el
alumbrado en general. Todas estas actividades, a las cuales nos
hemos habituado, funcionan gracias a servicios públicos esenciales en
los que no reparamos porque hasta el momento no representaban un
problema.
Esta falta de atención, nos lleva a veces a desperdiciar recursos y sin
que lo notemos, dilapidamos energía dejando encendidas lamparitas
en habitaciones vacías, o funcionando la radio o la televisión cuando
no la escuchamos o vemos, dejando encendidas la hornalla cuando
no estamos cocinando, calentando más de lo necesario el agua que
utilizamos en una ducha que después rebajamos con agua fría,
usando el lavarropas cuando no tiene su carga completa, o usando la
plancha alternativamente mientras se hacen otras actividades y
dejándola conectada descuidadamente.
Todas estas costumbres pueden ser modificadas.
Así como se adquirieron, por una cuestión de hábitos, también
pueden modificarse.
No estamos hablando de no utilizar las lamparitas sino de utilizarlas
cuando sea necesario iluminarnos. El uso racional no cuestiona que
Ud. use su televisión, sino que le aconseja apagarlo por completo
cuando se va a dormir.
(Fuente:www.fundelec.org.ar)
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